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La Corza Blanca

Trabalho por Valéria Zerbini de Souza, estudante de Secretariado Executivo @ , Em 22/04/2003

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La Corza Blanca de Gustavo Adolfo Bécquer

Santo André

2002


Por vuelta de los años mil trescientos, en el reino de Aragón, había un famoso caballero llamado Don Dionís que después de muchos años luchando en guerras ahora se dedica totalmente a su deporte preferido la caza.

En una de sus cazadas Don Dionís lleva su hija llamada Constanza, una chica muy guapa y blanca como la nieve. En este día estaba cansado de tanto correr y decide descansar con toda la gente que va con él en un pequeño río. Acostados unos a otros se acuerdan de aventuras que han vivido. Pasados unas horas ven bajar hacia ellos unos cien corderos blancos y junto un pastor.

Uno de los cazadores de Don Dionís conoce el pastor. – Mirad, aquí tenéis a Esteban. ¡Pobrecito! Nunca ha sido muy listo y está cada día más tonto. Con él podemos nos divertir bastante.

Don Dionís se queda interesado a saber o que ocurre con el pobre pastor. Contó el cazador a Don Dionís que los ciervos de los campos no lo dejan tranquilo y entonces las personas hacen bromas sobre esto.

Constanza empieza a hacer preguntas, ella quiere conocer la verdadera historia de Esteban.


Capítulo II

Esteban tenia diecinueve a veinte años, fuerte, ojos azules. Tiene la cara morena por el sol y el pelo rojo. Todos ven a Esteban una persona sencilla y tímida.

Don Dionís hace mil preguntas al pastor pero él parece no querer hablar hasta por fin decide hablar.

Señor, no quería contar nada pero os la voy a contar. No la vais a creer, pero ésta es la historia. Hacia algún tiempo no quedaba caza en estas tierras. En una de estas cazadas hablaba con otros pastores que me dijeron que veían más de veinte ciervos, les pregunté yo. ¿Para dónde iban? Para la cañada de los cantuesos, me contestaron. En la misma noche me fui la cañada, me puse detrás de unos árboles oyendo, a veces cerca, a veces lejos, el bramido de los ciervos. Siente mover algo cerca de mí, pero no pude ver nadie. Cuando salió el sol llevé los corderos hacia el río e encontré huellas de ciervos y de unos pies pequeñitos y también plantas rotas.

Todos miran el pie de Constanza que salía un poco por debajo del vestido y la joven mete el pie rápidamente.

¡OH, no! – dice Constanza. – Yo no tengo los pies tan pequeñitos. Sólo las hadas los tienen así.

En otra ocasión en la cañada Estaban oía ruidos que parecía cada vez mas cerca. Abrió los ojos y puso en pie: el viento traía gritos, canciones, risas, palabras extrañas que no entendía. Creía que eran chicas del lugar; las jóvenes que iban al río a por agua hasta que oyó unas palabras claras y fuertes:

¡Por aquí, amigas, está allí el tonto de Esteban!

Todos empiezan a reírse de Esteban y todos parecen no acreditar lo que dije.

Escuchadme ahora señores y creed que es tan verdad como me llamo Esteban. Salí a procura de quien había dicho aquellas palabras. Y de repente apareció muchas corzas blancas y reían.

Don Dionís dice a Esteban, - Vamos, vamos, deja esas historias. Vuelve con tus corderos y olvídate de estas aventuras…


Capítulo III

Don Dionís tiene un criado muy querido de la familia, es Garcés. El chico tiene la edad de Constanza y siempre esta cerca de los señores. Los otros criados sienten envidia y dicen atrás de tantos cuidados por Constanza